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Cartelera Cultural

Ensayo del curso de Huerto, Julio del 2019

La sabiduría del ciclo perpetuo

Por Delfina Castillo (alumna de 3ro. E. Media)

 

Se ve en la formación y desarrollo de la planta rasgos de una sabiduría que -en sí misma- obedece a una voluntad divina: la enigmática fuerza de la Naturaleza. Este desarrollo del ser de la planta revela una profunda afinidad con lo que en el hombre en búsqueda de sí mismo; el que se llega a revelar a medida que este labra su andar, si con conciencia y corazón honesto se entrega a escuchar las leyes cósmicas. Así mismo, en el ser humano residen fuerzas que lo alejan de ver en la esencia su interior y el universo.

La planta en su primer estado y siendo aún una semilla que todavía no muestra movimiento, alberga latente aquella vida que vendrá. Luego, cuando percibe su vínculo con los elementos externos necesarios, que instan la entrada de las fuerzas cósmicas, despierta el movimiento propio original. Sus raíces comienzan a sujetarse en direcciones que darán el equilibrio y pilar para que en ascendencia se constituya el tallo. Es un gesto de apertura al exterior, un despertar que desde la germinación se muestra.

El primer brote busca la cálida luz del sol y el vasto mundo de las fuerzas atmosféricas. Todas sus fuerzas se concentran en la formación del tallo e inauguran así -con sus primeras frágiles hojas- lo que será. A medida que el tallo gana altura, las hojas perfeccionan sus formas con planos más definidos. Esta sutil sabiduría creadora, una vez que concluye la formación de sus hojas, dirige sus fuerzas hacia la flor: la belleza que entregará al mundo. El trabajo en sí misma hace que la dirección de sus fuerzas, concentradas ahora en su belleza, tome del mundo todo lo necesario, haciendo que las hojas no reciban lo suficiente y comiencen su deterioro. Está guiada a su propia perfección más alta: cuando en sí hubo trabajado sus más finos detalles; cuando al mundo hubo entregado sus maravillas; cuando hubo susurrado a los oídos devotos con su belleza las verdades más claras; cuando ya alegró y conmovió cuantos corazones afines se detuviesen a admirarle...

Entonces llega el momento en que la planta ennoblece su vida, sacrificando su belleza trabajadora por quien vendrá. La dirección de sus fuerzas comienza a debilitar su cuerpo, que ahora se concentran en la semilla que será su sucesora. Entrega lo que es, se entrega a sí misma. El camino que antes fue la creación de su belleza, ahora es una entrega a otro, entrega sin búsqueda de beneficio propio.

Ciertamente su camino fue su propia formación, el trabajo en sí misma. La fuerza de su existencia es ejemplo para el ser humano.

(..) “es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo (...)

                        Extracto “Oración por La Paz” de Francisco de Asís.

 

Y quien busca verdad, quien realmente se detiene a observar la sabiduría de los ciclos perpetuos que rigen el mundo encuentra aquella voluntad reflejada en sí. Acoge el saber de que su belleza interior es parte de una fuerza mayor de nobles leyes, guía del pensamiento, del corazón y del actuar. El trabajo de aquella belleza interior en el hombre puede convertirse en una lucha. Éste, dotado de pensamiento, tiene el poder reflexivo de decisión, puede -desde la conciencia clara- decidirse actuar desde lo más alto de sí. Sin embargo, se decide a veces desde un lugar donde hay fuerzas que dificultan el abrir los sentidos al mundo, donde la conciencia se encuentra prisionera de lo que sus deseos egoistas buscan para beneficiarse. Se limita a ver aquella sabiduría común de las cosas creadas, esa amable verdad que se refleja cálida en el interior.

 

¿Quiénes somos una vez ahí?

Es entonces el olvidarse, el despejar con seriedad el alma de deseos que nos alejan de una percepción clara del mundo, abriendo el corazón desde la consciencia. Así acogemos aquellas sutiles manifestaciones del mundo. El pensamiento se ve enriquecido y logra alcanzar las sagradas y secretas razones de la misteriosa voluntad creadora que se observan también en el ser de la planta.

 

¡Cuánta sabiduría rodea al hombre! Gran maestra es la naturaleza para las almas que buscan el camino de su virtud eterna. Un gran amor crece, la libertad se vislumbra y conmueve con su luz el alma.